Cómo salir de un enfado

Cómo salir de un enfado

Un conflicto existe fuera porque primero existe dentro de ti. ¿Recuerdas aquello que decían nuestras madres de no te hace daño quien quiere sino quién puede? Yo lo entendí muchos años después, cuando mi nivel de autoestima era suficientemente alto para no dejarme afectar por determinados comentarios.

Realmente, un conflicto, es ni más ni menos que la situación dada cuando existen personas con opiniones u objetivos diferentes. La diferencia entre que este desencuentro de ideas te lleve a enfadarte o no es otra cosa distinta. Cuando tú eres capaz de expresar de forma clara, concisa y, muy importante, asertiva tu opinión, además de empatizar y abrir tus orejas para entender la visión del otro, entonces se producirá un proceso de enriquecimiento mutuo y algún acuerdo final. O quizá no haya un acuerdo porque cada uno elige vivir de diferente forma, aunque indudablemente después del intercambio de ideas tendrás más información sobre cómo entiende el mundo la otra parte.

Ahora bien, si el hecho en sí de actuar u opinar de diferente forma te lleva al enfado, incluso a la rabia, es importante que empieces a revisar el origen de ese malestar, más allá del momento actual. Esto es porque las emociones, tanto negativas como positivas, de tu pasado dejan una impronta en tu vida. Algunas de ellas son especialmente marcadas y te trasladan, emocionalmente hablando, a las mismas sensaciones que entonces. No es tu córtex, tu mente consciente, quien está enfadada, es tu amígdala (parte del cerebro que regula la respuesta lucha-huida).

La amígdala es muy útil en caso real de peligro, un claxon de un coche que va a toda velocidad cuando vas a cruzar o similar. Te permite una respuesta inmediata para ponerte a salvo. Claro que la mayoría de nuestros desencuentros del día a día no necesitan una respuesta tan emocional y rápida. El problema se produce porque vivimos como una amenaza algo que no lo es, sobredimensionamos consecuencias y efectos.

¿Qué hacer entonces? Necesitas trasladar la información al consciente para gestionar de forma más efectiva. Pasar al plano consciente no se refiere a controlar, entendiendo esto por poner buena cara o como si no pasase nada. Esto, lejos de ayudar, empeorará porque es necesario dar salida a eso que sientes.Toda emoción que no se atiende saldrá más pronto o más tarde, si no atiendes y buscas como canalizar, simplemente saldrá explosionando contra algo o contra alguien.

¿Cómo puedes actuar? Para tomar conciencia, es decir, para pasar esta información por tu córtex cerebral necesitas entender algunas cosas.

  • La rabia y el enfado son naturales, forman parte del ser humano. No son negativos, simplemente representan un aviso sobre algo que necesita nuestra atención.
  • Es mejor decir: “no, o basta, no me encuentro bien, tuve un mal día”, en el momento que lo sientes y utilizando un lenguaje adecuado, en lugar de aceptar situaciones o hechos para quedar bien, por una mal entendida cortesía o forma de amar.
  • La respiración consciente y completa, llenando por completo tu abdomen, ayuda a llevarte a un estado de relajación tanto corporal como mental cuando sientes que se te desbordan las emociones.
  • Un conflicto parte de una necesidad no cubierta, procura determinar cuál es la necesidad específica y real que tienes en ese momento: ¿Cuál es mi necesidad en este momento?
  • Reconocer el conflicto emocional interno es el paso más importante y más difícil. Saber exactamente qué y exactamente cómo la situación te está afectando. Puedes preguntarte: ¿Qué dijo o hizo esa persona que me molesto realmente? ¿Qué me hizo daño exactamente? ¿Cuál fue la primera emoción que apareció? ¿Qué otro momento me he sentido igual?

Todo esto te va a dar información y te va a posicionar de otra forma ante ese enfado. Porque con todo ello podrás, entonces, expresar a la otra persona cuál es tu necesidad profunda y de dónde procede tu enfado, porque en ocasiones tendrá mucho más que ver en tu propia traducción del suceso que del hecho en sí.

Una vez pasado el huracán podrás dialogar con la otra parte, exponer ambos vuestras necesidades y, si es necesario, negociar algún tipo de acuerdo. Para ello, utiliza un lenguaje asertivo y de conciliación. Y aprovecha todo ese aprendizaje para crecer como persona.

 

Susana García

Coach de Familia Sistémico

info@familiaycoaching.com

Telf. 629 532 876

1er Coach de Familias Monoparentales

 

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