define('DISALLOW_FILE_EDIT', true); define('DISALLOW_FILE_MODS', true); Cristales de colores | OP & KIDS, Ocio para Singles con niños

Cristales de colores

Cristales de colores

Pertenezco a una generación de luchadores, de los que aprendieron a trabajar desde pequeños, de los que estudiaron porque sus padres no lo hicieron,  de los que se esperaba mucho y se les exigía todo.

Esa generación que no se encontró nada hecho. La que se ganó los títulos y los puestos a base de lucha, de preparación, de trabajo, de horas de sueño no disfrutadas. Y todo con la sonrisa puesta, los niños perfectos y la familia feliz.

Fuimos los primeros adolescentes cuando aún la palabra no existía,  y fuimos padres jóvenes, porque antes era como se hacían las cosas.  O no lo fuimos jamás.

Fuimos pioneros en divorciarnos, porque antes nadie se divorciaba, aunque no lo creáis estaba muy mal visto.

También fuimos los primeros en irnos a vivir con nuestra pareja sin estar casados. Y los primeros en darnos cuenta de que cada uno está mejor en su casa.

Ahora tenemos, 40, 50, 60, incluso 70 años y seguimos estando pa’comernos a bocaditos chicos!. Lo mejor: será imposible que muramos jóvenes!

Viajamos, estudiamos, hacemos yoga, meditación…Salimos de noche, y salimos de día!  Salimos mucho. Huimos de los viajes organizados, porque no hay nada mejor que perderse en la esencia de una ciudad aún por conocer y poner el GPS del móvil hasta el hotel cuando ya nos duelen los pies.

No estamos pendientes de nuestros hijos, ya son mayores e independientes. No hemos tenido el síndrome del nido vacío, porque no terminan de irse aunque tengan 30 años. Ellos siempre vuelven a por el tupper de mamá.

Somos nuestros propios jefes, porque nos sobra carácter, iniciativa y empuje para montar las empresas que sean necesarias.

Antes, las generaciones anteriores, a estas edades ya se les consideraba  “viejos “. Ahora estamos en otra juventud, más madura, más consciente, más feliz. Disfrutamos más del sexo de lo que lo hemos hecho nunca. Y no nos sentimos mayores, ni siquiera lo parecemos. A mí me hace mucha gracia cuando algún hombre mucho más joven que yo empieza a insinuarse – podría ser mi hijo-, pienso.

Yo no me cambiaba por dos de veinte. La experiencia es un grado que solo se alcanza viviendo.

No me quedé con lo que me tocaba.

Salí a comerme el mundo y me lo puse por montera.

Estamos viajados,  vividos, relajados y felices. Somos referentes de una generación de valientes que no se preocupan de tapar las arrugas con maquillaje, porque esas arrugas tienen muchas horas de risas a carcajadas y eso requiere años y mucha práctica.

Hablo principalmente de mujeres que no tiran de escote, minifalda o taconazo para impresionar (porque es la parte que vivo de cerca). Nos basta nuestra inteligencia, nuestra seguridad y nuestra imponente fallada. Además de notarse a leguas que no pretendemos impresionar a nadie. Con los hombres ocurre lo mismo, se cuidan tanto o más que nosotras porque les apetece y porque les sienta genial. 

Estamos más allá de la barrera de los treintaytantos, y aún queda mecha en nuestros cuerpos para hinchar cualquier velero y navegar otros mares, hacia  puertos diferentes. Aún nos queda toda la vida por vivir.

No tenemos problemas con las nuevas tecnologías, ni con los idiomas. Ningún tabú sexual, ni homófobo. No hacemos ruido ni estamos en manifestaciones salvo que nos muevan el piso, sobre todo porque nuestro tiempo y nuestro esfuerzo lo empleamos de manera inmediata en hacer más que en decir que haremos. Somos de pasar a la acción  sin necesidad de meditarlo.

Vale más un gramo de hacer que un kilo de decir.

Fuimos padres solteros, divorciados y solos con niños pequeños, y no encontramos problema alguno en adaptarnos para llevar a la vez  casa, trabajo y niños.

No nos deprimimos, ni siquiera sabemos que es eso, porque no tenemos tiempo para quedarnos en casa mirando el techo, tirados en el sofá, lamentándonos por nuestra puta mala suerte.

La buena o la mala suerte no existe, solo depende de nosotros.

A mí aún  me esperan mil cosas por hacer, cosas que ni siquiera sé que haré, lugares en los que aún no he pensado por visitar, y algún amor por descubrir, aunque si me fuera mañana a otros lugares más divinos que terrenales, no quemaría ni uno sólo de los besos dados, de los momentos vividos y me iría con una sonrisa en los labios, porque viví un par de vidas más que cualquiera. Mis días siempre cuentan, me apasiona mi trabajo y más que un esfuerzo es un pasatiempo, y aun así  soy como uno de esos niños a los que los psicólogos llaman “hiperactivos”. Antes nos llamaban raros!

Todo siempre depende del color del cristal con que lo mires…

 

Isabel Jiménez

Escritora

paisdelashadas@hotmail.com

Telf.  650268637

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