Palabras a erradicar de tu vocabulario para una educación emocionalmente sana (parte 2)

Palabras a erradicar de tu vocabulario para una educación emocionalmente sana (parte 2)

¿Recuerdas que en nuestro artículo anterior te escribí sobre el borrador universal? Este mes tan veraniego te traigo otra palabra que desde hoy es interesante eliminar de tu vocabulario.

La palabra de este mes se transforma, en realidad, en dos palabras. El famoso “tengo que”. ¡Cuánto tuve que luchar en su momento con esta forma de hablar! Ahora está transformado en mí y les insisto mucho a mis clientes y alumnos, cuando son veteranos no les paso ni una.

¿Usas el “tengo que”? Tengo que trabajar. Tengo que ir a por los niños al colegio. Tengo que recoger la cocina. Tengo que…

¡Agota solo de leerlo! Más de escucharlo, te lo digas a ti o se lo digas a otros. Tienes que, es el mismo efecto. Nos lleva, principalmente, a la sensación de obligatoriedad. Siento decirte que las cosas no son obligación, y si las sentimos así es porque no hemos hecho la tarea previa, revisar si realmente queremos o no queremos hacer algo. Y, a continuación, tomar la acción correspondiente: hacer o no hacer.

Te lo voy a explicar mejor. Cuando decimos eso de “tengo que” nos entra pesar porque parece que algo o alguien nos obliga a hacer algo. El reto es transformar esto, porque viene de una historia anterior. Cuando llegamos a esta frase la auto-reflexión que necesitas hacer es si realmente, de verdad (de la buena) tú quieres o no quieres hacer eso. Y añade a esto, saber las consecuencias de la elección y aceptarlas.

Se puede elegir, la cuestión es si vas a asumir y vivir las consecuencias de tu elección. Revisa las motivaciones por las que haces algo y transforma esa frase en una de estas dos:

“quiero …”

“no quiero…”

Incluso puedes transformar la primera en una mejor: “voy a…”

A veces el asunto previo es que realmente no quieres hacer algo, entonces busca qué hay detrás y si verdaderamente no quieres hacerlo, ¡no lo hagas! Deja de engañarte.

Si, por el contrario, te das cuenta que tiene alguna ventaja, te aporta algo que quieres, en ese caso transforma en si quiero hacerlo. ¡Deja de quejarte!

El ejemplo del trabajo en el que la mayoría de mis clientes se enganchan. Eso de “tengo que ir a trabajar”. En muchos casos la razón de que digan eso en lugar de “voy a” es porque no les gusta ese trabajo o querrían hacer otra cosa. Aunque hagamos algo desagradable también es porque lo elegimos. Vamos a hacer auto-reflexión.

¿Para qué vas a ese trabajo? ¿Qué te aporta? Puede que no te guste tanto como otras opciones, ahora bien, seguro que algo te da y por algo lo mantienes.

Antes de que me digas, sí claro, porque “tengo que pagar las facturas”. Te compartiré algo, porque también yo usé esa frase en el pasado. 

¿Podrían dejar de ir a ese trabajo? Puedes. Ten muy en cuenta el significado del verbo poder, puedes dejarlo. Otra cosa es que las consecuencias de dejarlo es no tener dinero. Si no tienes dinero, efectivamente, algunos pueden dejar de pagar facturas por no poder pagarlas. Bien, llegados aquí, hay quienes eligen no tener ese trabajo, no ingresar dinero, no pagar facturas. Hay quienes elegimos, hacer ese trabajo, ingresar el dinero y pagar las facturas.

Es resumen, se traduce en quiero ese trabajo porque me permite pagar las facturas y no estoy dispuesto a asumir la consecuencia de no pagarlas. O bien, no quiero hacer ese trabajo, no lo hago y asumo la consecuencia de no pagarlas.

La cuestión es que puedes estar en uno u otro lado, de verdad que hay algunas personas que eligen la primera opción. Yo, reconozco que mis valores me llevan a la segunda opción. Por lo tanto, cuando en algún momento estuve en algún trabajo que me gustaba menos mi frase era: elijo este trabajo de momento, paga mis facturas y otras cosas que me van a permitir en un futuro trabajar en otra cosa.

Ahora, mi profesión es otra y trabajo en lo que me gusta. Cada día elijo hacer cosas. No todas son agradables, no te equivoques. Elijo hacerlas porque tengo un para qué, hay algo detrás que me motiva a decir: si quiero hacer. Y, en otras ocasiones, directamente digo: “eso no quiero hacerlo” y no lo hago.

Como en Matrix, ¿tú que pastilla elijes? Y una vez que lo has transformado entenderás la importancia de trasladar este aprendizaje a tus hijos.

Hay más palabras, estos son solo algunos ejemplos para ayudarte a tomar conciencia de tu lenguaje. Y si quieres saber más te animo a escuchar alguna de mis conferencias online.

 

Susana García

Coach de Familia Sistémico

info@familiaycoaching.com

Telf. 629 532 876

1er Coach de Familias Monoparentales

 

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